21 ene 2010

Series de televisión, tebeos

Cierto tipo de eruditos suelen reírse de las series de televisión, de los programas de éxito pensando que, por pertenecer a la baja cultura, no son dignos de su excelsa clase; pero yo creo que, en todos los ámbitos de la vida, se puede alcanzar el nivel de la excelencia, partiendo de la base de que hay momentos para la alta cultura y momentos para los entretenimientos más sencillos. Se puede disfrutar comiendo en Arzak o comiendo unos huevos rotos en cualquier buena tasca.















Como no vamos a pasar todas las tardes de domingo viendo a Bergman y leyendo a Cioran, también podemos ver alguna de las series de calidad ofrecidas por la televisión o leer un buen cuaderno de comic.













Uno de los mas geniales guionistas de comic era René Goscinny, un inteligente y bondadoso pero acerado crítico de la sociedad europea contemporánea, su humor y su conocimiento de la buena escritura en francés nos hizo pasar muy buenos ratos con Astérix, Lucky Luke o el Pequeño Nicolás.












En cuanto a las series de televisión inteligentes, casi siempre extranjeras, quiero destacar hoy Expediente X, una simple serie de televisión, sólo que excelentemente urdida por un hombre genial, como suelen surgir en los medios artísticos norteamericanos, que es Chris Carter.







La cosa es que este gran aficionado al cine y a la televisión leyó, en una revista de una asociación de psiquiatras, el hecho preocupante de que la cuarta parte de los norteamericanos creía en lo posibilidad de ser abducidos por extraterrestres.















Lo pensó y lo hizo, realizó una serie con actores de gran nivel, aquilatando los gastos al éxito y buscando, desde el principio, convertirla en una serie de culto. En ella aparecía una trama de conspiraciones del gobierno federal, idea recurrente en la sociedad americana desde la guerra civil, unida a tramas de extraterrestres y otros hechos paranormales, de los que aparecen en los periódicos como serpientes de verano.







Junto a esto, en los episodios, se homenajea a películas clásicas de la ciencia ficción o de otros géneros, las preferidas del director, y se recrean, en estudio, escenarios originales con gran exactitud.














A todo ello hay que añadir el contrapunto entre los protagonistas Mulder y Scully, uno agnóstico que cree en todo lo paranormal y además conspiranóico, y ella católica que solo cree en el método científico, dando siempre la explicación alternativa. Junto a esto, la tensión sentimental entre los dos elegantemente velada y el gran dolor, por la pérdida de su hermana, del agente Mulder.






La verdad está ahí afuera.

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