29 ago. 2010

La construcción de la paz

Escuchando a ciertos intelectuales se llega a la conclusión de que el fenómeno de la guerra es síntoma de atraso, que en el futuro, gracias al crecimiento moral de la humanidad, no habrá guerras y los conflictos se resolverán de manera pacífica. Así parecen creerlo los movimientos pacifistas cuando se anuncian con caricaturas de violentos hombres primitivos, casi monos, y angelicales hombres modernos.








A mi parecer, no se puede estar más alejado de la realidad; como ya he indicado en otras entradas
el fenómeno de la guerra es consustancial a la naturaleza del ser humano, éste podrá actuar mejor o peor, ser un santo o un demonio pero la humanidad en su conjunto no crece moralmente.


















Puede haber más riqueza, más información, más conocimiento pero también surgen otros conflictos y otros problemas. Nuestro pecado original, el ángel malo de nuestra naturaleza, crea constantemente situaciones de balance de poder, y la guerra como decía Clausewitz no es más que la continuación de la política por otros medios.



















La guerra se asocia a la tecnología y a la civilización, y un pacifista inteligente debe saber que siempre habrá guerras como siempre habrá pestes. Lo que hay que hacer es gestionar las crisis para evitar la guerra en cada situación. Dicen que de cada diez guerras posibles solo una se produce, y es de la única que nos acordamos.
















Hay situaciones en que se han dado guerras que no beneficiaban a ningún contendiente, que quizá se podrían haber evitado inteligentemente, como la Primera Guerra Mundial; otras guerras eran difícilmente evitables y se han producido como la Segunda Guerra Mundial con un Hitler que había construido una economía de guerra que la hacía inevitable.



















Hay situaciones de gran riesgo que, sin embargo, han conseguido salvarse, como la implosión de la URSS y los conflictos con Ucrania, en las que el miedo, más o menos realista, a la destrucción mutua asegurada ha tenido sin duda que ver.









La paz dependerá siempre de la gestión diplomática de los países civilizados y no de artefactos tipo "La ONU" con estructuras burocráticas en las que el voto de Zimbabue vale lo mismo que el de USA.

27 ago. 2010

Raimon Panikkar

Ha muerto el filósofo del dialogo cristiano hinduista. Fue crítico con las organizaciones católicas del tardofranquismo, era hermano del filósofo escéptico Salvador Pániker.






22 ago. 2010

Indígenas contra españoles

Lautaro (mapudungun Lef-traru o Lev-traru, traro veloz), (n. Tirúa, ca. 1534-Peteroa, 1557) fue un destacado líder militar mapuche en la Guerra de Arauco durante la primera fase de la conquista española.
















Levtraru o Leftrarü, hijo del lonco de la zona llamado Curiñancu.


















Estando al servicio de los españoles aprendió el oficio de militar para poder servir en las tropas auxiliares. Vio como se maltrataba a los indios para escarmentar su rebeldía y decidió desertar para convertirse en un caudillo militar de los Mapuches. Entrenó a sus hombres en las tácticas de los españoles, y en otras que se le ocurrieron basadas en las costumbres de su pueblo. De esta forma consiguió aniquilar a las tropas de Valdivia, en una emboscada, llegando a beber chicha en el cráneo del caudillo español.


















Antes de que se iniciara la conquista de la isla, en 1402, Lanzarote se hallaba habitada por los mahos o majos, pueblo de raíz bereber y origen norteafricano que habría llegado a la isla en torno al año 500 a. C. El nombre indígena de la isla es Tyterogakat o "Tytheroygatra", que se ha traducido como la quemada empleando un topónimo geográfico bereber tuareg de Argelia central















Aunque se ha popularizado el etnónimo “guanche” como gentilicio de todos los aborígenes de Canarias, que habitaban las islas con anterioridad a su conquista, lo cierto es que, en sentido estricto, ese nombre se referiría exclusivamente a los indígenas de Tenerife así como el término Mencey que afectaba a los caudillos territoriales tinerfeños.







Cuando el navegante genovés Lancelotto Malocello arribó a Lanzarote a principios del siglo XIV, sus habitantes al parecer se llamaban a sí mismos majos, según el etnónimo que ha pervivido en las fuentes etnohistóricas o en la toponimia insular (Cueva de Los Majos, piedra de Los Majos, etc).














Está probado que los primeros habitantes de la isla, como los del resto de Canarias, procedían del Norte de África, de un espacio geográfico que se extiende, aproximadamente, desde Túnez hasta la costa atlántica, y desde el Mediterráneo hasta el límite meridional del desierto del Sáhara, entroncados cultural y genéticamente con los pueblos bereberes del actual Magreb.







En el caso lanzaroteño, existe una similitud en el tipo de hábitat (las llamadas “casas hondas”) con el presente en el Atlas Medio y en otras regiones de Marruecos. Los grabados rupestres de la isla son comunes al resto del Archipiélago y al noroeste africano, con gran profusión de símbolos podomorfos, presentes también en las cimas del Atlas y de la Kabylia. Por su parte, la cerámica muestra paralelismos con las del Neolítico tardío sahariano.






El gentilicio "majo" ha sido relacionado con los nombres de tribus bereberes norteafricanas recogidos por autores grecolatinos, tales como los maxios, mazies y mauros. Finalmente, las frases y palabras conservadas de época aborigen remiten al tronco camito-bereber de los diferentes dialectos hablados en Canarias. Habría que destacar también la existencia de grabados alfabetiformes, como en el resto de las islas, propios de la escritura líbico-bereber o tifinagh, junto a otro tipo de escritura, que parece exclusiva de Lanzarote y Fuerteventura, a la que se ha llamado “latina”, por su similitud a la cursiva pompeyana, y que podría suponer cierto nivel de romanización de las poblaciones bereberes llegadas a la isla.







En cuanto a las fechas del poblamiento, la mayoría de las teorías apuntan a un momento próximo al año 500 a. C. para datar las primeras arribadas humanas a las Canarias. En el caso de Lanzarote, la arqueología ha demostrado que el horizonte cultural de los primeros pobladores de la isla se corresponde con la protohistoria del noroeste africano, protagonizada por pueblos bereberes influenciados por la cultura púnica, y quizás también por la latina. Las causas exactas que motivaron el desplazamiento se desconocen.
























Sobre el aspecto físico de los aborígenes de la isla poco se sabe con certeza, debido a la escasez de estudios antropológicos. Las limitadas piezas óseas estudiadas remiten a un tipo de estatura media-alta y acusada robustez, de características mediterranoides norteafricanas. Las fuentes etnohistóricas, principalmente la crónica normanda de la conquista (Le Canarien), se limita a apuntar que “son gente hermosa y bien partida”.







En la historiografía canaria actual se discute sobre cómo fue posible que los guanches llegaran a Canarias dado que desconocían el arte de la navegación, y se dan diversas hipótesis, como puede ser el olvido de ese arte, que fueran trasladados por otros o que quedaron aislados por algún tipo de cataclismo.

19 ago. 2010

Juan de Garay

Juan de Garay nació en 1528. Su lugar de nacimiento es polémico; mientras unas fuentes señalan a la ciudad vizcaína de Orduña (España), otras apuntan al municipio burgalés de Junta de Villalba de Losa. Ambas localidades son vecinas y Losa era originalmente una zona vasca de Castilla. El se definía como "castellano de Vizcaya". No se ha encontrado la fe de bautismo de Garay ni en Losa ni en Orduña. Murió en Punta Gorda, en la actual Provincia de Entre Ríos (Argentina) en 1583.

















Cuando contaba con 15 o 16 años de edad acompañó a su familia a Perú, ya que su tío Pedro Ortiz de Zárate había sido nombrado oidor de la Audiencia de Lima con el virrey Blasco Nuñez Vela, y salió para ese destino el 3 de noviembre de 1543 desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda. Por diferentes motivos, los Ortiz de Zárate retrasaron su llegada a Lima, donde entraron el 10 de septiembre de 1546.



















En 1553 formó parte de la expedición de Núñez de Prado a Tucumán (actual Argentina) siendo virrey Antonio Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete. Núñez fue apresado por Francisco de Aguirre en la población del Barco (actual provincia de Santiago del Estero) por problemas de jurisdicción de soberanía. En 1555 Núñez fue nombrado gobernador de Tucumán y en su expedición Juan de Garay le vuelve a acompañar y participa en la intervención aun después de morir Núñez.






En el periodo de 1548 a 1568 centró sus actividades en el entonces conocido como Alto Perú, actualmente Bolivia, donde participó en la fundación de Santa Cruz de la Sierra el 26 de febrero de 1561 de la que fue regidor de su cabildo y tuvo asignada una encomienda de indios. Sobre el año 1564 se traslada a la Asunción y trae a la que sería su esposa, Isabel de Becerra y Mendoza (hija de Francisco de Becerra e Isabel de Contreras), con la que tiene los primeros hijos. Luego, fuera de ese matrimonio tendría un hijo varón llamado El Mozo y que figuró con él en la fundación de Buenos Aires.

















En 1568 su pariente Juan Ortiz de Zárate fue nombrado capitán gobernador del Río de la Plata (tercer adelantado) y este nombra lugarteniente a Felipe de Cáceres quien, a su vez, nombra capitán a Juan de Garay pidiéndole que traiga gentes a la provincia de Paraguay. Juan de Garay se trasladó a Asunción con su familia y llegó el 11 de diciembre de 1568. El 8 de diciembre de ese año le nombran Alguacil Mayor de las provincias del Plata.









Por encargo del gobernador de esta plaza, y para facilitar las comunicaciones entre Asunción y la metrópoli, Garay emprendió una expedición por el Paraná que culminó con la fundación, el 15 de noviembre de 1573, de la ciudad de Santa Fe, en la confluencia de los ríos Paraná y Salado (o Saladillo).






En 1573 Martín Suárez de Toledo, teniente gobernador de Asunción, le encargó una expedición por el río Paraná que tenía como finalidad fundar una ciudad que facilitara la salida al mar de Paraguay y la comunicación con la metrópoli.
Juan de Garay organizó una expedición integrada por 80 mancebos de la tierra, en un bergantín, embarcaciones menores y caballos, con 75 nativos guaraníes y 9 españoles.







Se componía de dos grupos, uno por tierra, a cargo de Francisco de Sierra, recorrería la margen izquierda del río, evitando los bosques del Chaco, llevando las carretas, el ganado, los caballos y otros elementos necesarios para la fundación, y otro por el Paraná, que mandaba el propio Juan de Garay. Salió de Asunción el 14 de abril de 1579 (con la escolta que llevaba preso a España a Felipe de Cáceres) aunque un grupo, el que iba por tierra, lo hizo meses antes.


















En enero de 1580 comienzan los preparativos de la segunda fundación de Buenos Aires. Se pretendía poblar la nueva ciudad con gente de Asunción, para lo cual se promulga un bando ofreciendo tierras y otras mercedes. Se apuntan 200 familias guaraníes y 76 de colonos. Se lleva todo lo necesario por el río en una carabela (la Cristóbal Colón) y dos bergantines entre otras naves menores, expedición que salió el 9 de marzo de 1580. Además de los colonos iban 39 soldados. Una parte del convoy va por tierra y parte un mes antes.






El domingo 29 de mayo de 1580, Juan de Garay llegó a la boca del Riachuelo. Desembarcó justo en el lugar donde años antes lo había hecho Pedro de Mendoza e instaló un campamento; la columna que viajaba por tierra llegaría un mes después. Para el miércoles 11 de junio ya se había levantado un pequeño asentamiento, algo más hacia al norte de la fundación anterior, que daría base a la nueva ciudad de Buenos Aires. Ese día se celebraron las ceremonias fundacionales.

























Como se observa, la participación de los vascos en la conquista de América fue principal y extraordinaria.

La ignorancia de los políticos

No sé dónde leí el otro día que el editor de Der Spiegel se despachaba con los políticos actuales calificándolos de ignorantes de la Historia; sencillamente no está de moda estudiar esa disciplina, y verdaderamente ¿para qué habría de servir conocerla a unos gobernantes cuyo horizonte son unas elecciones cada cuatro años?


Sin embargo, los conocimientos históricos son fundamentales para los políticos de verdad, los auténticos estadistas, ya que de esta forma podemos intentar evitar tropezar 100 veces en la misma piedra y aprender también que las cosas están siempre cambiando bajo la aparente estabilidad. He aquí unos ejemplos de políticos ignorantes de la Historia y de otros que hicieron gala de experiencia y conocimiento, es decir unos crearon y crearán problemas y otros los resolvieron.





































Es la Historia madre de la verdad, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir.


Cervantes.

8 ago. 2010

Golpe a la hegemonía británica

Me sorprendo, poco a decir verdad, de la mínima importancia y el olvido en que caen siempre en España nuestros grandes héroes militares. He aquí un pequeño esbozo de los que consiguieron alargar nuestro periodo de hegemonía y retrasar el advenimiento de la hegemonía inglesa.
















La Invencible Inglesa o Contraarmada fue una flota de invasión enviada a la Península Ibérica por la reina Isabel I de Inglaterra en la primavera de 1589, en el marco de las operaciones de la Guerra anglo-española de 1585-1604.







Los anglosajones se refieren a ella como English Armada, Counter Armada o Drake-Norris Expedition. Esta última denominación se debe a que la expedición fue mandada por Sir Francis Drake, que ejercía de almirante de la flota, y por Sir John Norris en calidad de general de las tropas de desembarco.

















La intención de esta fuerza de invasión era aprovechar la ventaja estratégica obtenida tras la derrota de la Armada Invencible enviada por Felipe II contra Inglaterra el año anterior.








Los objetivos ingleses eran destruir los buques españoles supervivientes de la Grande y Felicísima Armada que se encontraban en reparación en los puertos de la costa cantábrica, principalmente Santander, para posteriormente provocar una rebelión en Portugal, país que había sido recientemente incorporado al Imperio Español, y finalmente hacerse con alguna de las Islas Azores.

















Esto último permitiría a Inglaterra tener una base permanente en el Atlántico desde la que atacar los convoyes españoles procedentes de América, lo que supondría un avance significativo hacia el objetivo más a largo plazo de arrebatar a España el control de las rutas comerciales hacia el Nuevo Mundo. La operación acabó en una derrota sin precedentes para los ingleses y constituyó un rotundo fracaso de dimensiones comparables a las de la famosa Armada Invencible española. A raíz de este desastre, el que había sido hasta entonces héroe popular en Inglaterra, Sir Francis Drake, cayó en desgracia.
















Otra de las grandes ocasiones en las que España vendió cara su hegemonía a los ingleses es la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo.
Los ingleses tuvieron entre 8.000 y 10.000 muertos y unos 7.500 heridos, muchos de los cuales murieron en el trayecto a Jamaica. En Cartagena había sucumbido la flor y nata de la oficialidad imperial británica.







Entre los navíos perdidos destacan seis navíos de tres puentes, 13 de dos puentes y cuatro fragatas, más innumerables barcos de transporte. Además perdieron 1.500 cañones e innumerables morteros, tiendas y todo tipo de pertrechos. Esto suponía una grave pérdida para la flota de guerra británica, que quedó prácticamente desmantelada y tardó mucho en reponerse.







La Royal Navy había sufrido la mayor derrota desde la Contraarmada y la más humillante derrota inglesa de toda la historia, que aún perdura en la actualidad.






Como resultado de esta batalla España fortaleció el control de su Imperio en América y quedó afirmado el dominio español sobre los mares durante 70 años más aproximadamente (hasta la batalla de Trafalgar) y con él la prolongación de la rivalidad marítima entre españoles, franceses y británicos hasta comienzos del siglo XIX. Para el Reino Unido, las consecuencias a medio plazo fueron mucho más graves.







Gracias a esta victoria sobre los ingleses, España pudo mantener unos territorios y una red de instalaciones militares en el Caribe y el Golfo de México que serían magistralmente utilizados por el teniente coronel Bernardo de Gálvez para jugar un papel determinante en la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica, durante la llamada Guerra de Independencia Estadounidense, en 1776.






Las consecuencias estratégicas de esta victoria todavía se sienten, pues en hispanoamérica se habla español.















Otra ocasión es la que sigue, se trata del convoy apresado por los españoles en 1780 en el cabo de San Vicente. Estaba formado por 55 transportes, de los que fueron apresados 52 (36 fragatas, 10 bergantines y 6 paquebotes).Al divisar a la escuadra española (con algunas unidades francesas) al mando de don Luis de Córdoba, en vez de hacerle frente la escolta del convoy, ésta se dio a la fuga, y los mercantes, algunos de ellos poderosos indiamen con más de 30 cañones, apenas opusieron resistencia. Jamás España sufrió un desastre semejante en sus convoyes, y eso que “el mar era inglés”.















En época de Fernando VI como rey de España La labor más importante durante el reinado fue llevada a cabo por el Marqués de la Ensenada, secretario de Hacienda, Marina e Indias que llevó a cabo la modernización de la marina. Una poderosa marina era fundamental para una potencia con un imperio en ultramar y aspiraciones a ser respetada por Francia y Gran Bretaña.





Para ello, Ensenada incrementó el presupuesto y amplió la capacidad de los astilleros de Cádiz, Ferrol, Cartagena y la Habana, lo que supuso el punto de partida del poder naval español en el siglo XVIII.






Otra hazaña que se realizó a costa de los ingleses fue la realizada por el Duque de Montemar en Italia y el Mediterráneo, unos 50.000 hombres, contando los italianos, que había que aprovisionar y reforzar desde España. Como los ingleses disponían de fuerzas muy superiores pronto organizaron el bloqueo de fuerzas navales españolas, así al almirante Norris se le ordenó bloquear el puerto Ferrol donde había un pequeño destacamento.





Sin embargo, para cuando llegó la flota inglesa las unidades españolas, a las que vinieron a unirse las estacionadas en Cádiz, ya habían partido. Al frente de la escuadra, compuesta por 12 buques de línea, se encontraba Don Juan José Navarro al que se había ordenado dirigirse al Mediterráneo para asegurar las comunicaciones con Italia.





La flota logró pasar el estrecho a pesar de la presencia de una flota inglesa al mando del Almirante Haddock que le siguió y había casi alcanzado a los españoles a la altura de Cartagena cuando una flota francesa al mando del almirante De Court salió de él y se unió a la española.





El R.U. no estaba todavía en guerra con Francia pero, por el pacto de familia suscrito en 1733, Francia estaba dispuesta a apoyar a las fuerzas españolas si eran atacadas por un tercero. Así pues, si el almirante inglés atacaba a la flota de Navarro tendría que enfrentarse también a la escuadra francesa. Considerando que no tenía fuerzas suficientes para ello se retiró a Mahón a la espera de refuerzos.





La flota española, de acuerdo a la misión que tenía asignada, logró pasar un importante convoy de tropas de Barcelona a Génova (enero de 1742). A su vuelta se reunió con la flota francesa en las Islas Hieres y de común acuerdo decidieron entrar en el vecino puerto de Tolón para reparar sus buques, ya que unos y otros, españoles y franceses, habían sido muy maltratados por duros temporales.













España apoyó desde el principio la Guerra de Independencia de los Estados Unidos mediante Bernardo de Gálvez, quien negoció directamente con Thomas Jefferson, Patrick Henry y Charles Henry Lee. Gálvez bloqueó el puerto de Nueva Orleans para que los navíos británicos no pudiesen utilizar el río Missisispi y también facilitó el tránsito de los rebeldes americanos a través de todo el territorio al sur de la zona de guerra, ayudando al envío de armas y municiones destinadas a las tropas americanas de George Washington y George Rogers Clark.







En 1779 el capitán general de la Luisiana española asaltó las guarniciones inglesas de la Luisiana Oriental: Manchac, sin una sola baja, Baton Rouge y Natchez liberando la cuenca baja del río Mississipi de fuerzas inglesas que pudieran hostigar su capital, Nueva Orleans.







En 1781, aprovechando la mayor velocidad de los correos marítimos españoles, es informado de un nuevo comienzo de hostilidades entre España e Inglaterra. Toma sorpresivamente las plazas de Mobila y Panzacola recuperando para España las dos Floridas (Florida Occidental y Florida Oriental), lo que hizo que los ingleses se quedaran sin plazas en el Golfo de México, exceptuando la isla de Jamaica. Por la recuperación de la Florida Occidental fue recompensado con los grados de mariscal de campo y teniente general-gobernador del territorio conquistado.







Su intervención se consideró tan decisiva para el triunfo de las tropas americanas que, durante la parada militar del 4 de julio, desfiló a la derecha del mismo Washington en reconocimiento a su labor y apoyo a la causa americana. Los franceses también participaron en esa guerra con el cuerpo expedicionario del Marqués de La Fayette.









5 ago. 2010

La peste negra

A lo largo de la historia de la humanidad, y en el corto periodo que habitamos en ciudades y mantenemos tráfico comercial y de viajeros, se han desarrollado las grandes epidemias a las que llamamos pandemias.








Las noticias de la antigüedad no son claras, se habla de epidemias graves en Alejandría en el siglo III antes de Cristo pero de las documentadas podemos rastrear la peste del siglo V que comenzó precisamente en Alejandría otra vez y se extendió por toda Europa hasta el Occidente.


















Sin embargo, para empezar a hablar de documentación profusa, y datos de cronistas más exactos, tenemos que ir a la famosa peste negra de los siglos XIV y XV. El contexto es el de una época de fuertes cambios en todos los órdenes; del siglo XIII Europa había salido en excelente posición para dar un salto en todos los terrenos.


















La consolidación de los estados modernos, de la economía, la elevación del poder real frente a los nobles y del clero secular frente al regular, los derechos de las ciudades y la burguesía frente a la nobleza, el arte gótico en todo su esplendor aparecían como señales de un espectacular crecimiento.







En los primeros años del siglo XIV esto va a continuar, pero repentinamente todo se va a torcer, el clima va a cambiar y el mundo entrará en lo que se ha denominado la pequeña edad del hielo cuyos efectos más devastadores serán precisamente en esos dos siglos.

















El mal tiempo, los inviernos largos y fríos, las grandes nevadas traerán malas cosechas lo que llevará a un debilitamiento de las defensas inmunológicas de la población. La peste, que se había extendido en Asia de la mano de las guerras de los mongoles, va a venir a Europa en los barcos de los comerciantes de la ruta de la seda y de las especias.

















Serán las ratas grises asiáticas las que la extiendan por Europa; la rata negra europea se contagiará y, debido a su proximidad al hombre y a que comparte con éste el ser parasitada por diversas especies de pulgas, ayudará a extender la peste.
















El bacilo Yersinia Pestis se manifiesta en el hombre de dos formas: como peste bubónica o como peste neumónica. De esta forma ciudades enteras desaparecen, otras zonas son respetadas, pero la población desciende en un 10% y entre el 25% y el 35% de los europeos morirán de peste.
















La rápida eliminación de la rata negra doméstica
, salvo su vertiente campestre, hasta su reaparición 200 años después, sustituida por la rata gris asiática, la mejora de la economía tras la reducción de la población y el fin de las guerras de los siglos XIV y XV (como la de los cien años, la primera nacional llevada a cabo por ejércitos profesionales, la del Imperio contra el papado, la guerra civil en Castilla, en el norte de Italia, el cisma de Occidente, las guerras bizantino turcas y las de los mongoles contra casi todos) conseguirán someter a la epidemia.

















En el siglo XVII habrá una recaída en la peste, ya más leve, en el contexto del exceso de lluvia y de la guerra de los treinta años. Después llevaremos nuestras epidemias a América reduciendo drásticamente la población india y traeremos nuevas enfermedades de allí.








Actualmente hay quienes discuten que esa gran plaga, la más importante conocida, fuese realmente peste bubónica y piensan que pudo ser algún tipo de virus causante de fiebre hemorrágica como el Ébola. Recientemente los científicos Susan Scott y Christopher Duncan de la Universidad de Liverpool han propuesto la teoría de que la peste negra pudo haber sido causada por un virus.







Sea como fuere, la peste negra tiene el dudoso honor de haber sido la enfermedad que más ha matado a lo largo de la historia, junto a la ya extinta viruela y la malaria son las enfermedades contagiosas que han sido padecidas por más gente.
















A pesar de todo, de la cabalgata de los cuatro jinetes del apocalipsis, la historia no se detuvo se produjeron cambios en la política, el comercio, la economía que desembocaron en el Renacimento del Siglo XVI y en los grandes imperios europeos del Siglo XVII.

1 ago. 2010

Hernando de Soto y el valle del Misisipi










En el tiempo de la conquista americana, Extremadura fue una de las principales canteras de exploradores como por ejemplo Hernán Cortes, Francisco Pizarro y muchos otros.
















Extremeño era Hernando de Soto, éste pertenecía a casa fuerte y ejercía de segundón, no tenía vocación de legajos y sacristías y se hizo soldado marchando a América a las ordenes del gobernador de Panamá Pedro Arias Dávila que había sido su descubridor.















Junto con él, avanza en dirección norte hacia Nicaragua donde luchó y venció a rebeldes para luego marchar a servir al gobernador de Cuba. Sirvió a Pizarro en Perú y en el Yucatán. Siendo gobernador de Cuba dejó el poder a subordinados y con ansias de aventura entró en la Florida siguiendo la estela de Ponce de León y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca.
















Exploró los actuales estados de Georgia, Carolina de Sur, Carolina del Norte y Tennessee.























Al contrario que otros conquistadores más violentos, utilizó la inteligencia, la diplomacia y el sincretismo cristiano para ganarse a los indígenas que estaban muy molestos por la violencia vivida anteriormente a manos de Pánfilo de Narváez.















Tuvo la suerte de que su lugarteniente Ortiz se uniera a una princesa india y de ese modo obtuvo paso franco en la exploración.

















Según estudios de la Universidad de Minnesota, la actuación de Hernando de Soto fue bastante pacífica y humanitaria para la época; la desgracia de los indios fueron las enfermedades de las que los europeos eran portadores, éstas afectaron en gran medida a los indios que vivían de la caza y la recolección. Quienes no enfermaron se vieron impotentes para conseguir comida para todos, es decir que al final lo que los mató fue el hambre.

















De cada 50 aldeas solo 2 sobrevivirían, tuvieron que reconstruir hasta sus tradiciones y religiones pues estas eran transmitidas de forma oral. Cuando Lewis y Clark llegaron a la zona a principios del siglo XIX la población ya se había recuperado.















Hernando de Soto murió él mismo de fiebres pues el riesgo era compartido.